El mismísimo diablo
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| Imagen de Jim Cooper en Pixabay |
Una mañana, cuando iba de camino al trabajo, oí a alguien gritar:
—¡Me cago en Satanás!
Me sorprendió porque siempre había escuchado la blasfemia
dirigida contra Dios. Razoné que cuando algo nos va mal no es culpa de Dios,
quien nos ama, sino del demonio, quien nos odia. Por lo que me pareció muy
acertada aquella expresión.
Ese día, por la tarde, estaba con mi amigo Tomás en la
cafetería y compartí con él la expresión y mis reflexiones.
—No estoy de acuerdo contigo —me dijo él negando con la
cabeza.
—¿Por qué no? —quise saber.
—Si Dios nos ama tanto, ¿por qué no acaba con el demonio?
Mientras hablábamos, reparé en un hombre que estaba
mirándome fijamente. Sus ojos rojos y su boca esbozando una sonrisa maliciosa me
produjeron un escalofrío.
—¿Qué ocurre? —me preguntó Tomás.
—Ese hombre de ahí, el de la mesa de la esquina, parece el diablo.
—¿Qué hombre? Ahí no hay nadie. Esa mesa está vacía.
Me quedé petrificado. En ese momento, el tipo se levantó y
se acercó a mí rápido como un rayo. Se inclinó y me susurró al oído con una voz
de ultratumba:
—Calla esa boca si no quieres perder la lengua.
Me puse a temblar de pies a cabeza y empecé a gritar como un
histérico:
—¡El demonio! ¡El demonio! ¡El demonio!
Me ingresaron en el psiquiátrico donde me dijeron que tuve una alucinación. Y yo digo que, con alucinación o sin ella, vi al mismísimo diablo.
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Después de un tiempo de descanso, he decidido volver a escribir en este blog. En concreto, con este micro, participo en el microrreto de marzo propuesto por Bruno Aguilar en El Tintero de Oro.
El requisito es escribir un microrrelato de un máximo de 250 palabras con el demonio como protagonista o personaje secundario, que no se limite a una mera referencia sino que tenga mucho peso en la historia. El estilo y tono del relato es libre.
Os animo a escribir vuestra historia. Tenéis de plazo hasta el 25 de marzo de 2026. Mas información aquí.

Hay cosas de las que es difícil esconderse. Esperemos que el maligno se olvide de él. Has tramsmitido muy bien la sensación de panico, incluso la que debe sufrir después del episodio.
ResponderEliminarAbeazooo
Sí, Gabiliante, esperemos que el maligno se olvide del protagonista y en caso de que no sea así, que este no se deje amedrentar. Me alegra haber logrado transmitir esa sensación de pánico que comentas. ¡Muchas gracias por tu comentario y un abrazo!
EliminarEse es el lio, que si solo uno ve algo y los demas no, lo meten en un siquiatrico....
ResponderEliminarpero y que tal que uno sea de estos sinesteticos o quizas el cerebro de uno tiene algo mas que los demas no?
en todo caso por ser fuera de lo comun lo encierran a uno
Si viste al diablo yo lo creo
Así es, J.C., es muy cierto lo que comentas. En cuanto alguien percibe algo fuera de lo común se le tilda de "loco". A veces me pregunto si la verdadera locura no es más bien colectiva por consentir tantas cosas malas que pasan en el mundo y sigamos como si nada con nuestras vidas. Tenemos libertad para elegir, un gran regalo, pero me pregunto por qué parece que nos gusta elegir más lo malo que lo bueno. En cualquier caso, mi protagonista agradece tu apoyo ;) ¡Muchas gracias por tu comentario!
EliminarEl peor demonio o está dentro o es invisible a los demás. Saludo y gracias.
ResponderEliminarFernando, tu comentario me ha recordado la fábula que leí del lobo bueno y el lobo malo que todos llevamos dentro. Es nuestra decisión a qué lobo alimentamos más. ¡Muchas gracias y un saludo!
EliminarMe ha encantado el arranque cotidiano y la progresión natural hacia lo inquietante; funcionan muy bien; el diálogo con Tomás es creíble y plantea una duda teológica clásica («si Dios es omnipotente y bueno, ¿por qué permite el mal?») sin ponerse pesado; la aparición del diablo es escalofriante y el remate con el internamiento + negación del protagonista deja un regusto cínico y perturbador perfecto para un microrrelato.
ResponderEliminarMarcos, esa duda que comentas creo que es la más importante de todas y la que nos aleja de la fe. Pasan tantas cosas malas que a veces nos preguntamos justamente eso: "¿Por qué Dios lo permite?" Creo que simplemente aceptar que no hay una respuesta lógica ni definitiva y luchar por no perder la esperanza a pesar de ello, puede ayudarnos. Siempre queremos una respuesta para todo y a veces, en la vida, hay preguntas que no tienen una respuesta que podamos comprender, pero no por ello debemos rendirnos. En fin, me hubiera gustado reflejar todo esto en el micro, pero por cuestiones de espacio no me fue posible. Aún así me gusta como ha quedado. ¡Muchas gracias por tu detallado análisis y tu valoración!
EliminarUna escena tremenda, Cristina, que deja una sensación muy inquietante. Se siente el miedo y el desconcierto del protagonista. El golpe final también estupendo.
ResponderEliminarMe alegra haber conseguido transmitir el miedo y desconcierto de protagonista. También me alegra que te haya gustado el final. Como le comentaba a Marcos, tenía la intención de hablar de algo, pero el límite de palabras me llevó a otro lugar inesperado. Sorpresas que da escritura :) ¡Muchas gracias, Marta, por tu comentario!
EliminarYo también suelo decir esa frase Cristina, pero espero que no venga el diablo a decirme nada… Yo por si acaso mañana no voy a la cafetería, que como me lo cruce me voy a tener que empezar a cagar en el otro y no quiero. Como dice Tomás, él no tiene culpa de nada jajajjajajaja ¡Muy buen micro!
ResponderEliminarJajajajaja, Ulises, también espero que el diablo no te diga nada. La verdad es que cuando escuché esta expresión hace unos cuantos años me sorprendió y creo que no he vuelto a escuchar a nadie más decirla. Pero me parece muy buena jajajaja. ¡Muchas gracias por tu comentario!
EliminarHola Marta! En estos tiempos que corren, parece que ver a Dios o al Diablo es cosa de locos...je je! Un abrazote!
ResponderEliminar¡Hola, Marifelita! Soy Cristina jajajaja. Y sí, como bien dices ver lo que nadie más puede ver es considerado cosa de locos. ¡Muchas gracias por tu comentario y otro abrazote para ti!
EliminarHola, Cristina. Gracias por aceptar este diabólico reto. Un abrazo.
ResponderEliminar¡Hola, Bruno! Hacía tiempo que no participaba en vuestros retos. Me siento feliz de retomar la escritura en este blog y de la mejor manera posible que es con quienes dedicáis vuestro tiempo al maravilloso Tintero de Oro. ¡Gracias a ti y un abrazo!
EliminarA mí el más allá y los fenómenos paranormales me dan mucho respeto. Ni afirmo ni desmiento...Pero no todo se explica con la alucinación y la locura. Saludos!
ResponderEliminarlady_p
Tienes toda la razón, lady_p. Me alegra que este micro haga reflexionar y pensar sobre estos temas que a mí me parecen súper interesantes. ¡Muchas gracias por tu comentario y saludos!
EliminarEntiendo a Tomás, puesto que el diablo ha logrado covencer al mundo de que no existe, pero está equivocado. ;)
ResponderEliminarAsí lo veo yo también. Vivimos en un mundo en que todo se explica a través de la ciencia y el razonamiento, pero creo que hay cosas inexplicables y no por ello menos verdaderas. Negar la existencia del diablo es muy peligroso, porque al creer que no existe no vemos las trampas que nos pone en el camino. ¡Muchas gracias por tu comentario!
EliminarUn buen micro de terror psicológico. “El demonio se agita a mi lado sin cesar; flota a mi alrededor cual aire impalpable; lo respiro...” (Baudelaire). ¡Suerte en el concurso! Un abrazo.
ResponderEliminarQué buenos esos versos de Baudelaire y que bien complementan al micro. Me alegra que te haya gustado. ¡Muchas gracias por tu comentario, Eitán, y un abrazo!
EliminarA veces creo que el diablo no nos odia sino que por el contrario nos ama e intenta sumarnos a sus huestes. El tuyo lo consigue muy fácilmente a través de los demás:"Si no lo veo, no lo creo, y es suficiente para meterte en un psiquiátrico y hacer del resto de tu vida un infierno". Muy bueno, un abrazo
ResponderEliminarPara mí amar a alguien significa desearle lo mejor. Pero si deseas que su vida sea un infierno, en ese caso, el sentimiento es de odio. En cualquier caso, Juana, no había pensado en tu punto de vista: que el demonio gane a través de los demás pues no creen al protagonista y le toman por loco. Me ha gustado mucho tu reflexión. ¡Muchas gracias por tu comentario y un abrazo!
EliminarHola.. Pues ya tu protagonista tiene un buen camino andado, sabe que el maligno existe, y que le sigue donde vaya.. eso le da la ventaja del conocimiento.. ¡Saludos!
ResponderEliminar¡Hola, Octavio! Muy buena tu observación: no lo había visto de esa forma, pero es totalmente cierto. Da igual lo que digan los demás, el protagonista ahora está seguro de que el demonio existe, lo cual le da como muy bien dices: "la ventaja del conocimiento". ¡Muchas gracias por tu comentario y saludos!
EliminarEl diablo existe, sí. Pero creo que dentro de las personas y no siendo un ente sobrenatural.
ResponderEliminarLa terrible alucinación sí puede deberse a un problema mental, por leve que sea. Lo digo, porque yo solo notaba "cosas raras" cuando anduve con depresión. Después de estar sanada, nunca más.
En este relato quise explorar la posibilidad de la existencia del demonio como ente sobrenatural. Pero, por supuesto que las enfermedades mentales producen alucinaciones que están totalmente fuera de la realidad. En cualquier caso me alegra que te hayas recuperado de la depresión, yo también pasé por una y es terrible. ¡Muchas gracias por tu comentario y un abrazo!
EliminarHay diablos repartidos entre la humanidad, abundan tanto como los imbéciles, que ya es decir mucho. Con lo cual no es de extrañar que tu personaje haya visto al mismísimo diablo.
ResponderEliminarAbrazo.
Jajajajaja, desgraciadamente así es. No sé qué grupo de los dos predomina más, pero a veces sí que pienso que se entrenan en el mismo sitio XD. ¡Muchas gracias por tu comentario y un abrazo!
EliminarHola Cristina, un placer leerte de nuevo. Tú relato tiene muchas interpretaciones y da que pensar. Un abrazote
ResponderEliminar¡Hola, Ainhoa! El placer es mío de poder contar con lectoras como tú :) Me alegra que este relato haga pensar, es lo que quería. ¡Muchas gracias por tu comentario y otro abrazote para ti!
EliminarEl diablo está por todos lados y convivimos sin darnos cuenta de su presencia.
ResponderEliminarInteresante tú visión del tema.
Un abrazo Cristina
Puri
¡Justo es lo que quería expresar con este relato! ¡Muchas gracias por tu comentario y un abrazo, Puri!
EliminarEl diablo está por todos lados, lo bueno es saber identificarlo y tú protagonista se encontró con el y claro difícil que la crean.
ResponderEliminarUn abrazo Cristina
Puri
Desde luego, el protagonista de esta historia tiene muy difícil que le crean, aunque él esta totalmente seguro de lo que vio. ¿Existe el demonio o no? ¿Quién puede saber la verdad? ¡Muchas gracias, Puri!
EliminarHola Cristina, qué bien que volviste a escribir. Muy buen relato. En lo particular creo que la idea de dios y de satanás se complementan entre sí, la existencia de uno es la razón de existir del otro. Saludos.
ResponderEliminar¡Hola, Ana! Sí, estoy muy contenta de haber retomado la escritura en este blog. Tienes toda la razón, el bien y el mal, al menos en este mundo siempre están presentes y parecen complementarios. Muchas gracias por tu reflexión y tu comentario. ¡Saludos!
EliminarHola, Cristina. Sin duda, un microrrelato escalofriante. No me gustaría estar en la piel del protagonista. No obstante, me temo que alguno de nuestros congéneres tienen conversaciones como la que describes habitualmente, porque, si no, no se entiende cómo pueden ser tan desalmados. ¡Muy buen micro! Un saludo desde la Buhardilla de Tristán.
ResponderEliminar¡Hola, Javier! Espero que el protagonista no vea ni escuche nunca más al demonio y pueda retomar su vida. Respecto a la gente desalmada yo también creo que deben tener una comunicación directa con el demonio, porque si no es incomprensible su comportamiento. Me alegra mucho que te haya gustado el micro. ¡Muchas gracias y un saludo!
EliminarTen cuidado el sabe donde vivimos. un saludo y mis felicitaciones.
ResponderEliminarSí, Manuel, él sabe dónde encontrarnos. Quizás deberíamos hacerle frente en vez de temerle tanto. A veces pienso que su poder crece con nuestros miedos. ¡Muchas gracias por tu comentario y un saludo!
EliminarHola Cristina, me ha encantado esa vuelta de tuerca de empezar con un "me cago en Satanás" que te parece tan lógico, porque si algo sale mal, la culpa es de quien nos odia, no de quien nos ama, y de repente te encuentras con que el aludido aparece para recordarte que mejor no le menciones. Lo de la mesa vacía que para ti está ocupada por esos ojos rojos y esa sonrisa me ha puesto los pelos de punta, y más cuando el amigo no ve nada y tú acabas gritando como un histérico hasta que te internan. Al final te quedas con esa certeza de que lo viste, alucinación o no, y el pobre demonio no solo es el malo, sino que además te deja encerrado por hablar de él. Abrazos virtuales desde la Puerta del sol venezolano, Puerto La Cruz.
ResponderEliminarHas descrito lo que ocurre en este relato a la perfección, Raquel. Me alegra que se entienda tan bien. Y el final es tal y como dices. Lo que quise contar es que el demonio va a por el protagonista provocándole la alucinación para que le encierren y al tomarlo por loco, le quiten veracidad a sus palabras. ¡Muchas gracias por tu comentario y abrazos virtuales para ti también!
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