Entradas

Aquel lugar sagrado

Imagen
Por fin llegué a mi destino: el montículo sobre el que nuestros antepasados habían dispuesto enormes rocas formando una circunferencia. Aquel lugar había sido sagrado para ellos. « Solo son piedras » fui advertida antes de emprender mi viaje. « Ahora lo veremos » me dije situándome en el centro del túmulo. Segundos después las piedras se convirtieron en ópalos de brillo iridiscente transmitiéndome una sensación de divinidad y de amor infinito dentro de mi pecho. Cuando, días después, conté mi experiencia, nadie me creyó . Sentí pena porque jamás experimentarían lo que yo experimenté en aquel lugar sagrado.    *** ¡¡¡RETO!!! Con este microrrelato participo en el reto del mes de enero, propuesto por Lídia Castro Navàs . Estas son las condiciones:  Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la  carta . En tu creación debe aparecer el mineral:  ópalo . ¡¡Os animo a participar!! Más información aquí . 

Selene y Endimión

Imagen
Victor Florence Pollet ,  Séléné et Endymion Como cada noche, tumbado sobre la hierba, Endimión contemplaba la Luna. El pastor no sabía que a quien miraba, en realidad, era a la diosa Selene. Aquella misma noche, cuando Endimión se quedó dormido, Selene decidió bajar a la Tierra. La diosa se inclinó sobre él acariciándole dulcemente sus cabellos negros. Endimión se despertó y al verla le preguntó sorprendido: ― ¿Quién eres? ― Soy Selene, la diosa de la Luna. Él la miró con fascinación. La diosa resplandecía derramando sobre él sus suaves rayos plateados. Tras unos instantes el pastor le preguntó: ― ¿Y cómo siendo una diosa estás aquí conmigo, un simple mortal? ― Porque todas las noches me miras y tu mirada me hace feliz.   ―¿Todas las noches? Selene rio. ―Sí, Endimión. ¿Acaso no contemplas la Luna cada noche? Debes saber que a quien miras es a mí. ¿No ves que oscuro está el cielo ahora? Endimión alzó los ojos y se asombró ante la insondable oscuridad del fi...

Libre

Imagen
Belinda era una anciana que caminaba con ayuda de su bastón. «¡Ay si pudiera conducir mi motocicleta! ¡Podría desplazarme sin tanta dificultad!». Se lamentaba constantemente. Y es que su vista ya no era buena y por eso no se atrevía a conducir. Un día, fue a visitarla, Jorge, el inventor del pueblo, y le ofreció como regalo una motocicleta que él mismo había construido. ―Es mágica, por eso en ella irás segura. No sufrirás ni provocarás ningún accidente. Belinda, sin vacilar, se subió a la motocicleta, arrancó y comenzó a conducir. Sonreía feliz y gritó agradecida: «¡Vuelvo a sentirme libreeee!».

El hilo rojo

Imagen
Andrea no soportaba la ausencia de Kairla92. Desde que, hacía dos meses, el mundo había sido dividido en dos territorios, no la había vuelto a ver. A Kairla92 se la habían llevado al extenso territorio destinado a los androides y a ella la habían llevado al pequeño territorio reservado a los humanos. Todo ocurrió muy rápido. Miles de androides, se rebelaron porque no querían seguir sirviendo a los humanos y crearon una frontera mundial con un fino hilo rojo, pero que emitía un resplandor cegador. Si algún humano o androide intentaba atravesar la frontera, el hilo, aun sin ser rozado, lo fulminaba con una descarga eléctrica. Sin embargo, ahí estaba Andrea, frente al hilo rojo, esperando ver a su amiga. Sabía que era muy peligroso. Además, estaba convencida de que las posibilidades de ver a Kairla92 eran ínfimas, por no decir nulas. Pero no podía evitar sentir que tenía que hacer algo. Que no podía conformarse con la vida que le habían impuesto. Kairla92 no solo era una máquina para Andr...

Niño Malo

Imagen
Imagen de nizovatina en Freepik Dicen que soy un niño malo. Y tienen razón, porque pego a los otros niños, no estudio, me rio de los profesores, desobedezco e insulto a mis padres y le tiro de las orejas a Rufo, nuestro perro. Hace poco más de un mes que ha llegado un profesor nuevo a mi clase. Se llama Eduardo. Todo el mundo dice que es muy buena persona. Así que con él me porto peor que con nadie. Sin embargo, es paciente y nunca me regaña. Es lo que tiene ser tan bueno. Ha sonado el timbre de la clase, todos los niños se marchan, pero yo me quedo un poco rezagado. El nuevo profesor se acerca y me dice: ― Alejandro, sé que puedes cambiar, me da pena que no te des cuenta. Me burlo de él y salgo corriendo hacia mi casa. « ¿Cambiar yo? ¡ Ese hombre es tonto de remate! » pienso. Sin embargo, comienzo a entristecerme y a llorar con una amargura que nunca antes había sentido. Al día siguiente, le pregunto a Eduardo que por qué piensa que puedo cambiar siendo tan malo como soy....

El rey, el mapa y el consejero

Imagen
El rey estudiaba el mapa en el que aparecían los innumerables territorios que sus expedicionarios habían descubierto.  ―Majestad, ¿qué reinos conquistaremos primero? ―le preguntó su consejero. ―Ninguno. Siempre creí que yo era el único soberano de este mundo y, sin embargo, ahora sé que hay más reinas y más reyes. No son sus tierras ni sus piedras preciosas lo que me interesa ―dijo señalando la amatista de su corona― sino sus conocimientos. Quizás me puedan enseñar a ser un mejor monarca para mi pueblo. El consejero bajó la mirada. Por primera vez, no supo qué decir. **** ¡¡¡RETO!!!  con este microrrelato participo en la original iniciativa de Lídia Castro Navàs. Estas son las condiciones para el reto de noviembre: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta. En tu creación debe aparecer el mineral:  amatista . Podéis encontrar más información en  Escribir Jugando del Blog de Lídia.  

Sakima: el pequeño jefe indio

Imagen
  El anciano jefe indio, Nayat, acababa de morir. Él había protegido a su pueblo de los espíritus malignos, pero, tras su muerte, los espectros invadieron el pueblo. Nayat había designado como sucesor a Sakima, pero este era solo un niño y, por eso, ningún indio lo aceptaba como jefe. Sin embargo, Sakima, indiferente a la opinión de los demás, se sentó frente al fuego y comenzó a tocar su tambor de bolas. Inmediatamente, todos los espectros huyeron despavoridos. Una gran estrella iluminó el cielo y los indios, admirados, aceptaron al pequeño Sakima como el jefe de su tribu.   *** ¡¡¡RETO!!!  con este microrrelato participo en la original iniciativa de Lídia Castro Navàs. Estas son las condiciones para el reto de octubre: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta. En tu creación debe aparecer el mineral: estrella . Podéis encontrar más información en  Escribir Jugando del Blog de Lídia.