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Venganza

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Image by  Gerd Altmann  from  Pixabay Liam rompió con su novia. Le resultó muy difícil hacerlo porque aún la quería. Sin embargo, hacía días que sabía que ella le estaba siendo infiel y aunque Liam intentó hacer como si no pasara nada, no pudo soportarlo por más tiempo. Para sentir un poco de consuelo, fue a casa de su amigo Gregor y este le  ofreció un licor frutal que, según le explicó, había comprado en uno de sus innumerables viajes al extranjero. El caso es que Liam para ahogar sus penas bebió más de la cuenta. Se quedó dormido en el sillón del piso de Gregor y cuando despertó, de madrugada, notó que algo iba mal dentro de su cabeza. Sus pensamientos eran caóticos y extremadamente negativos: que si era un fracasado, que si nadie le quería, que si jamás encontraría el amor… Estuvo rumiando estos pensamientos durante horas hasta que de repente una desconocida maldad empezó a apoderarse de él. Hasta que llegó a convencerse de que el único responsable de que le ...

La saxofonista

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  Image by  efes  from  Pixabay Eladia tocaba el saxofón todos los días en la calle. La música era su pasión y no estaba dispuesta a abandonarla por nada. Soñaba con convertirse en una estrella del jazz, pero no tenía demasiadas esperanzas de lograrlo. Su mayor preocupación era que apenas tenía dinero para hacer frente al alquiler y al resto de gastos mensuales. Aun así, siempre se mostraba alegre y le gustaba dar lo mejor de sí misma en cada tema que interpretaba, incluso cuando no recibía ni una sola moneda a cambio. Un día, justo cuando iba a empezar a tocar el saxofón, alguien se acercó a ella. Se trataba de un hombre que llevaba un contrabajo consigo. Eladia le sonrió y Basilio, que así se llamaba el hombre, le contó que cuando era más joven tocaba en un grupo de jazz, pero en cuanto se hizo mayor, le sustituyeron por un chico más joven. A partir de entonces practicaba siempre solo. También le confesó que había perdido la esperanza de volver a tocar con otro...

El pequeño mago

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  El muchacho se aferraba a las crines de su caballo blanco que galopaba a la velocidad del viento; hasta que, repentinamente, se detuvo. El niño contempló el abismo creado por una gran grieta que partía a la tierra en dos. Oyó los gritos cercanos de los hombres que le perseguían por ser un mago. Se concentró e invocó la runa algiz y, en ese momento, un arcoíris formó un sólido puente que se desvaneció en cuanto el niño y el caballo lo hubieron cruzado. Los persecutores, al otro lado, gritaron furiosos. La magia era una maldición, pero también una bendición. *** ¡¡RETO!!  Con este microrrelato participo en el reto del mes de febrero, propuesto por   Lídia Castro Navàs .  Estas son las condiciones:  Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la  carta . En tu creación debe aparecer la runa:  Algiz .

Horizontes compartidos

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  Imagen de  Gerd Altmann  en  Pixabay . Los tres candidatos esperaban muy nerviosos la llamada telefónica del entrevistador. Este solo iba a elegir a uno de ellos puesto que había una única vacante para el puesto ofertado. Jessica pensó: «Aunque Mario y Fátima tienen más experiencia laboral que yo, quizás me llamen a mí porque ellos son demasiado introvertidos. Yo soy mucho más sociable y simpática, y eso me dará una gran ventaja». «Seguro que a Jessica no la elige, porque no tiene tanta experiencia en el puesto como tengo yo. Pero Fátima… Uff sabe cuatro idiomas y yo solo sé español y un poco de inglés», se lamentó Mario. Y Fátima sa jactó: «Tienen que elegirme a mí a la fuerza, pues soy mucho mejor que esos dos. Una sonriendo todo el rato como una panoli y el otro no sabe ni siquiera hablar bien en inglés». Los tres no paraban de darles vuelta a estos pensamientos y otros similares una y otra vez. Hasta que al fin, a última hora de la tarde, recibieron cada uno ...

Ella

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  Ella camina por la playa con el torso desnudo y la espalda tatuada. Uno de los tatuajes representa la rama del árbol del que tomó la fruta prohibida y el otro es una flor con su corola de pétalos rosas cayendo hacia abajo.         Tras morder la fruta, Ella se cayó, sí, pero se levantó y caminó a pesar de la soledad, la tristeza y el peso de la culpa. Su única pertenencia es la runa Mannaz, la cual le conecta con la humanidad a la que tanto ama y de la que todavía espera su perdón.         **** ¡¡¡RETO!!!   Con este microrrelato participo en el reto del mes de enero, propuesto por   Lídia Castro Navàs .  Estas son las condiciones:  Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la  carta . En tu creación debe aparecer la runa:  Mannaz.  

Su color favorito

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Todos los compañeros de Teresa se quedaron pasmados al verla, pues ella solía vestir con colores más discretos. En aquella ocasión lucía un vestido amarillo con los pendientes, el bolso y los zapatos de ese mismo color.  En cuanto Andrea llegó a la oficina y vio a Teresa, le preguntó sorprendida: ― ¿Por qué te has vestido así, Teresa? Al fin, había conseguido que Andrea, quien siempre la trataba como si no existiera, le hablara. ― Me gusta mucho el color amarillo ―le respondió con naturalidad.   ― Ya veo ―murmuró Andrea arqueando una ceja. En la oficina, todos cuchicheaban y se reían de Teresa. Pero ella estaba tan emocionada de que Andrea le hubiese hablado que no le importó la opinión de los demás. De hecho, a partir de ese día Teresa iba siempre vestida con prendas y complementos de color amarillo y cada vez que Andrea la miraba, se sentía muy feliz. Sin embargo, pasado un tiempo, en la oficina todos se fueron acostumbrando a su llamativa vestimenta, por lo que...

La princesa y el mirlo

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La princesa Arianna vivía en un hermoso y gran palacio junto con su padre, el Rey Orian y su madre, la reina Fiora. Era el día de su noveno cumpleaños y toda la nobleza la agasajó con hermosos y lujosos regalos: prendas y vestidos de seda, joyas de todo tipo, animales exóticos de bellos colores… Arianna se sentía muy complacida, hasta que frente a ella apareció un hombre anciano, muy bajito y andrajoso que le hizo una reverencia. La joven miró al Rey y a la Reina perpleja. ― Este hombre es el sabio Eldrian, muy querido y respetado por todos ― le explicó Fiora. Arianna , deseó que ese hombre harapiento se marchase de allí de inmediato, pero como vio que era bien recibido por sus padres, guardó silencio. ― Os regalo este pequeño mirlo, alteza ―dijo el sabio mostrándole al ave encerrado en una vieja jaula. Cuando la princesa vio al pajarillo negro con el pico naranja, le pareció el animal más feo de todos cuantos le habían regalado y no pudo evitar espetarle llena de cólera: ...