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Parando los relojes

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  Tomás se tomó una poción. Inmediatamente llegó un remolino que le transportó mentalmente a la dimensión que hacía funcionar los relojes. Allí había ruedas dentadas de todos los tamaños que engranaban entre sí y giraban continuamente. El científico buscó con rapidez la rueda principal y la bloqueó con una llave inglesa que llevaba en su bolsillo. Acto seguido, se despertó. Al abrir los ojos vio a su nieto pequeño que estaba a su lado. ―¡Lo he conseguido, Guillermo! ―¿Y qué pasará ahora, abuelo? ―Que mientras los relojes estén parados tú y yo podremos jugar todo lo que queramos. ¡¡¡RETO!!!   con este microrrelato participo en la original iniciativa de Lídia Castro Navàs.   Estas son las condiciones para el reto de mayo: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta. En tu creación debe aparecer el objeto del dado: remolino/hipnosis. Podéis encontrar más información en  Escribir Jugando del Blog de Lídia. 

Máquinas vs. Pensamiento

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  Tras la supresión de la filosofía tanto en colegios, institutos y universidades, la ONG Libertad de pensamiento, convocó ayer una manifestación pacífica en la que demandaba volver a incluir la filosofía en el sistema educativo. En grandes pancartas afirmaban: “No solo de máquinas viven las personas”. María y Alfredo, los líderes de la organización, tienen previsto impartir clases gratuitas de filosofía a menores y adultos en su oficina. Sin embargo, los organizadores aseguran que esta medida es insuficiente porque no hay ningún otro centro en el que se imparta dicha disciplina, por lo que no hay plazas para todas las personas. También han criticado que el gobierno les haya negado cualquier tipo de ayuda para llevar a cabo el proyecto. A pesar de todo, Alfredo y María, aseguran que nada les va a detener y que llevarán a todas partes la famosa frase célebre de la filósofa Hipatia de Alejandría: “Defiende tu derecho a pensar, porque incluso pensar de forma errónea es mejor que no ...

Amor por la lectura

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Iba en el autobús, de pie, agarrada a una barra metálica. A mi lado, estaba un hombre con el pelo negro, no muy corto y algo alborotado. Iba leyendo un libro, parecía totalmente absorto en la lectura. Me pregunté cómo podría leer mientras el autobús se tambaleaba de un lado hacia otro frenéticamente. Iba agarrado a la misma barra que yo, con una sola mano, sin ningún otro punto de apoyo, y en la otra mano sostenía el libro. Era como si sus pies estuviesen pegados en el pavimento del autobús. En cambio, yo iba agarrada con las dos manos y, aun así, el autobús me zarandeaba de un lado para otro haciendo que mis pies bailasen torpe y compulsivamente. De pronto, alzó la cabeza y se quedó mirándome. Un audaz rayo de sol entró por la ventanilla iluminando sus risueños ojos castaños. Me ruboricé y aparté la mirada. Quise alejarme de él, para poder observarle sin que se diese cuenta, pero no podía. Había demasiadas personas a nuestro alrededor. Al cabo de un rato, le miré de soslayo y apreci...

Infiel

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  La detective Almudena Salazar estaba a punto de cerrar su despacho, cuando sonó el timbre. Al abrir la puerta se encontró a una anciana pequeña y enjuta que la miró fijamente. ―Iba a cerrar ya ―dijo la detective con acritud. ―Seré breve ―señaló la anciana. Almudena se echó a un lado para dejarla pasar y después cerró la puerta. La anciana se sentó en una silla y Almudena ocupó su asiento frente a ella. ―Me llamo Alicia Suarez y como ya le he dicho seré breve ―carraspeó y continuó diciendo―: Verá, lo único que quiero es que averigüe si mi yerno le está siendo infiel a mi hija. La anciana sacó de su bolso una fotografía en la que aparecía el hombre y se la mostró a Almudena quien la cogió y, observándola, le preguntó: ―¿Cómo se llama? ―Adolfo Mendoza. Almudena, sin apartar su mirada de la fotografía volvió a hacer otra pregunta: ―¿Por qué piensa que este hombre le es infiel a su hija? ―Porque mi hija me ha dicho que últimamente llega muy tarde a casa. Él alega que es porque tien...

Sobre las nubes

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  Sentado a una mesa y con una copa de vino en la mano, esperaba. Miré mi reloj, había transcurrido ya una hora. Aunque me encontraba sobre las nubes, no tenía la menor esperanza de ir al cielo. Era demasiado avaro y mentiroso. Mientras pensaba en esto , un pájaro azul con el pico naranja se posó sobre mi sombrero y no se movió de allí. Repentinamente, las nubes se agitaron, derramándose el vino de la copa. Sentí miedo, aunque la compañía de aquel extraño pajarillo me infundió valor. ― Tienes otra oportunidad ― me dijo, y volví a la vida.   ¡¡¡RETO!!!   con este microrrelato participo en la original iniciativa de Lídia Castro Navàs.   Estas son las condiciones para el reto de marzo: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta. En tu creación debe aparecer el objeto del dado: reloj. Podéis encontrar más información en  Escribir Jugando del Blog de Lídia. 

Locura

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Presioné el botón para que bajase el ascensor. Cuando se abrió la puerta grité aterrorizada. ¡Había un cadáver dentro! Se trataba de un hombre. Estaba cubierto de sangre y tenía los ojos abiertos, vidriosos. Rápidamente saqué el móvil de mi bolso y llamé a urgencias. Acababa de darles la dirección de la vivienda y colgar la llamada, cuando de pronto, el hombre parpadeó.   ― Por favor, no se mueva. He llamado a urgencias, enseguida vendrán ― le dije sin saber qué hacer. El hombre empezó a moverse lentamente hasta incorporarse y ponerse de pie. Seguidamente caminó hacia la salida. ― ¡Espere! ¿A dónde va? ― le pregunté atónita. El hombre no me respondió. Abrió la puerta, salió a la calle y se quedó parado allí, tembloroso. Tras unos minutos llegó la ambulancia. Sin embargo, cuando los sanitarios se bajaron del vehículo no repararon en el hombre.   Entraron en la casa. Al cabo de un rato llegó la policía y todo el tiempo estuvieron frente al ascensor. Perdí los estri...

El Bosque Maldito

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  Agrimar era un rey que estaba harto de la rutina del palacio, de sus súbditos y de la esposa que no le había dado ni un solo hijo varón. Era un rey muy déspota y mientras el pueblo pasaba hambre, él se deleitaba con los más lujosos festines. Una mañana, estaba asomado al balcón cuando vio un colibrí. Era la primera vez que el rey veía uno y se quedó contemplándolo absorto un rato. Repentinamente, el colibrí voló hacia él y se posó en la barandilla. ―Tengo algo que deciros, Agrimar. El rey se quedó perplejo al oír hablar al pájaro. Se frotó los ojos e incrédulo volvió a mirar al colibrí. Este continuó diciéndole con naturalidad: ―Debéis acudir al Bosque Maldito para romper un maleficio. Para ello necesitaréis la espada que Jonás, el mejor herrero del reino, fabricará para vos. Tras decir estas palabras, el pequeño colibrí se alejó volando. Agrimar gritó: «¡Espera!», pero el pajarillo no volvió. El rey entró dentro de su aposento real y comenzó a pasearse en círculos. Una extrañ...