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Una isla perfecta

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Estoy cansado de que los demás siempre me estén recomendando que siente la cabeza. ¿Qué más les da lo que haga? ¿Por qué tienen que darme sus opiniones? Me gusta mi vida tal y como es. Hago lo que quiero cuando quiero. No tengo que darle explicaciones a nadie. Salgo con mujeres bonitas, pero sin comprometerme con ninguna. Y aunque romper con ellas es algo desagradable, sobre todo porque suelen llorar o incluso insultarme, es soportable porque a cambio preservo mi independencia. Vivo solo en mi apartamento, tengo dinero de sobra por lo que no tengo que trabajar… ¿qué más puedo pedir? Nunca me preocupo por nadie, más que por mí mismo. Soy una isla perfecta. Pero no estaría dandole vueltas a todo esto si no fuera por Marcus, ese niño tan extraño. No sé, siento que me está cambiando la vida de alguna manera que aún no logro entender. Esta tarde llamó al timbre de la puerta de mi casa. Cuando le abrí unos niños le acosaban tirándole caramelos. Tuve que espantar a esos pequeños diablos y...

Hijos perdidos

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Se sentía muy sola. Sus cuatro hijos, ya adultos todos e independizados, la culpaban porque su padre los hubiera abandonado siendo niños. Elvira los echaba de menos porque nunca los veía. No la visitaban ni siquiera en las fiestas navideñas. Y jamás contestaban sus llamadas telefónicas. A sus setenta y dos años, Elvira lloraba cada día y, aunque gozaba de una buena salud, no podía soportar tanta soledad. Había disfrutado de la compañía de un gato durante varios años, pero cuando murió, ya no tenía fuerzas para cuidar de ningún otro animal. Se conformaba con sus geranios a quienes a veces hablaba cariñosamente. Pero no, no era lo mismo que hablar con el gato y tampoco era lo mismo que hablar con sus hijos. Los recuerdos felices del pasado le venían a la cabeza continuamente y la soledad en la que ahora estaba inmersa la torturaba cruelmente. Hasta que un día vio a su exmarido. Tenía dos años más que ella y allí, en el supermercado se encontraron frente a frente los dos. Ambos temblaron ...

Inspiración inesperada

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Era una preciosa mañana de mayo cuando Helena se puso a escribir. Sin embargo, tras casi una hora, la página de su cuaderno continuaba en blanco. Frustrada, cogió su móvil y entró en Instagram. Se distrajo viendo diversas publicaciones hasta que, de repente, una ilustración muy sencilla de un pequeño zorrito captó su atención. Al cabo de unos instantes, se puso a escribir una historia sobre el simpático y tierno zorrito muy rápidamente. En cuanto terminó, revisó y corrigió el texto y lo releyó. Se sintió muy orgullosa y le envió un mensaje a la ilustradora que se llamaba Olivia. En él le daba las gracias por cómo le había ayudado a escribir aquella ilustración. Poco después Helena y Olivia decidieron publicar el cuento del zorrito. Ninguna de las dos esperaba la cálida acogida que iba a tener aquella historia. Tal fue su éxito que después publicaron muchos más cuentos con palabras e ilustraciones tan sencillas y tiernas que enseguida cautivaron a los más pequeños e incluso a muchos adu...

Nueva vida

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El fuerte oleaje arrastró a Nayara hasta las profundidades marinas. Aguantó la respiración todo lo que pudo, pero, finalmente, el agua entró en sus pulmones. Aunque, para su sorpresa, no se ahogó sino que empezó a respirar el agua como si fuese el aire. Enseguida vio una enorme concha de caracol de color de ágata cornalina. Se refugió en su interior y lloró amargamente hasta que apareció ante ella un caballito de mar. Ambos se miraron a los ojos y Nayara sonrió abrazando con gratitud aquella nueva vida. •¸.•´*¨`*•• ••*`¨*`•.¸• ¡¡¡RETO!!! Con este microrrelato participo en el reto del mes de septiembre, propuesto por Lídia Castro Navàs . Estas son las condiciones: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la carta . En tu creación debe aparecer el mineral: ágata cornalina .  Para más información haz clic aquí: Escribir Jugando . 

Un mundo cruel

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  Star-light, de Benny Andersson Alan era un niño de ocho años que siempre andaba haciendo preguntas. Esto incomodaba mucho a sus profesores quienes lo consideraban “algo tonto”. El muchacho se sentaba en la última fila de la clase y sus compañeros le daban de lado e incluso solían reírse de él. Una mañana, la profesora de lengua y literatura habló sobre las hadas: —Son seres fantásticos que habitan los bosques para protegerlos. Alan fascinado, porque nunca había oído antes hablar de aquellos seres, preguntó: —¿Y cómo son? —Bueno, son muy pequeñas y tienen alas, a veces luminosas. Pero, como he dicho en un principio, son seres fantásticos. Lo que quiere decir que no existen en la realidad. —¿Y por qué no? —quiso saber Alan. En aquel momento todos sus compañeros de clase se voltearon para mirarlo y se rieron a carcajadas. La profesora les mandó callarse y replicó con aspereza en la voz: —Porque las hadas son producto de la imaginación. Nadie jamás ha visto ninguna en la vida real. D...

Lejos, muy lejos

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  Imagen de  Pexels  en  Pixabay Estoy en la playa disfrutando de mis siete días de vacaciones. He escogido una cala pequeña y apacible, con suave arena y aguas cristalinas. El sol se está ocultando y aquí no hay más que una pareja dándose arrumacos y un hombre que pasea por la orilla con un perro pequeño de color canela. El hombre lleva unos vaqueros largos y un botellín en la mano y no parece hacer mucho caso a su mascota.   Pero no es asunto mío. Saco de mi bolso la toalla, la estiro sobre la arena y me tumbo. Cierro los ojos y comienzo a sentir una paz que jamás he sentido antes. El estrés de la gran ciudad está lejos, muy lejos… Sonrío ante la utópica idea de no regresar nunca más y al fin ser libre.  De pronto escucho unos ladridos muy cerca de mís oídos que me sobresaltan. Abro los ojos rápidamente y veo que se trata del perro que acabo de ver antes. Me incoroporo y lo miro fijamente con ganas de gritarle “¡Cállate, chucho!”. Pero me conte...

Tarta de fresas con nata

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  Imagen tomada de pequerecetas.com Tenía una misión: hacer una tarta de fresas con nata para el cumpleaños de mi hermana pequeña. Y, a la vez, tenía un grave problema: apenas sabía cocinar y nunca antes había hecho una tarta. En fin, ¿que cómo me comprometí a hacer la dichosa tarta? Pues de la forma más tonta que cabe imaginar. Yo había quedado a merendar con mi novio Nando, con el que llevaba saliendo exactamente un mes y cuatro días. Sin embargo, esta vez tendría que ir con mi hermana puesto que nuestros padres se habían ido de viaje de negocios durante dos semanas.   Siempre me sentía muy bien con Nando y todas nuestras citas habían ido de maravilla así que deseé con todas mis fuerzas que esta vez nos fuera igual de bien. Pero tenía miedo de que Sofía lo echara todo a perder, porque a ella le encantaba criticarme en cuanto tenía la ocasión y eso me sacaba de mis casillas.   En cuanto mi hermana me vio arreglándome me preguntó: ― ¿Vas a quedar con tu novio? ―...