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Supersticiones

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Un domingo, mi amiga Irene y yo estábamos charlando mientras tomábamos un café...

Puro hielo

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Le gustaba coger al azar una de sus runas de madera. Esta vez, cogió la runa Isa y me dijo complacido que significaba “hielo” y...  

El laberinto

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Llevaba días recorriendo el laberinto. Sus muros de cemento eran tan altos y lisos que resultaba imposible trepar por ellos...  

Una mirada

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Un caballo, sin verme, me está mirando fijo desde el fondo de la barranca. Yace sobre la tierra, está herido y relincha de dolor...  

La trampa

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  Carta :  Good Tarot .  Dado :  Dados astrológicos . A gritos, ella reniega de lo sagrado y yo le susurro: —Que no puedas verlo, no significa que no exista. De repente, replica riendo: —Hierofante, has caído en mi trampa.    En ese momento, pronuncia un conjuro y, de pronto, estoy prisionera en un frasco de cristal. Pero ella ignora que he venido de Júpiter, el planeta de la Justicia, con un plan: oír su conjuro para así poder usar un contraconjuro y de este modo liberarme a mí y a todas las almas que ha atrapado a lo largo de su larga vida. —Bruja, has caído en tu propia trampa.     •¸.•*¨*•.¸¸•.•*¨*•.¸¸•.•*¨*•.¸¸• ¡¡¡RETO!!!  Con este microrrelato participo en el reto del mes de marzo, propuesto por  Lídia Castro Navàs . Estas son las condiciones: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la  carta . En tu creación debe aparecer el planeta: Júpiter .     Para más información haz clic ...

El mismísimo diablo

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  Imagen de  Jim Cooper  en  Pixabay Una mañana, cuando iba de camino al trabajo, oí a alguien gritar: —¡Me cago en Satanás! Me sorprendió porque siempre había escuchado la blasfemia dirigida contra Dios. Razoné que cuando algo nos va mal no es culpa de Dios, quien nos ama, sino del demonio, quien nos odia. Por lo que me pareció muy acertada aquella expresión. Ese día, por la tarde, estaba con mi amigo Tomás en la cafetería y compartí con él la expresión y mis reflexiones. —No estoy de acuerdo contigo —me dijo él negando con la cabeza. —¿Por qué no? —quise saber. —Si Dios nos ama tanto, ¿por qué no acaba con el demonio? Mientras hablábamos, reparé en un hombre que estaba mirándome fijamente. Sus ojos rojos y su boca esbozando una sonrisa maliciosa me produjeron un escalofrío. —¿Qué ocurre? —me preguntó Tomás. —Ese hombre de ahí, el de la mesa de la esquina, parece el diablo. —¿Qué hombre? Ahí no hay nadie. Esa mesa está vacía.   Me quedé pe...

La Diosa de los bosques

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  John Singer Sargent. Retrato de Millicent, duquesa de Sutherland, 1904 © Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, Madrid. Sí, soy la que te mira a los ojos desafiante. La que trata de sonreír aunque le duele el alma y el cuerpo. La que a pesar de tu incesante maltrato, se mantiene en pie. Me ves y te quedas admirado ante mi belleza. Sin embargo, no eres capaz de respetarme, de cuidarme, de quererme. Tan solo ves mi apariencia externa y no te atreves a descubrir el universo que hay en mi interior. Talas mis árboles, contaminas mis ríos, asesinas a mis animales, destruyes incluso a los de tu misma especie. Tú que fuiste creado por mí, usas el don que te regalé, la inteligencia, para ir en mi contra inventando máquinas con las que crees que dominarás el mundo, tú que no sabes ni dominarte a ti mismo. Te aseguro que de nada te servirán tus inventos cuando llegue tu hora. Existe un límite y con tus despiadados actos estás cavando tu propia tumba, honda,  tan honda que de ella jam...

La IA y sus peligros

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  Imagen de  Ticklenutts  en  Pixabay Lucy Brown se levantó de la silla y aplaudió con entusiasmo a Lucas Graham, el conferenciante que acababa de terminar su discurso sobre la IA. Mientras aplaudía, se fijó en un señor grandote sentado con una mala postura y sin aplaudir. “¿Quién es ese?”, se preguntó terriblemente indignada. Se acordó de su vecino Bill, también grandote y un idiota redomado que opinaba que la IA acabaría con la humanidad.   Una vez finalizaron los aplausos, el señor grandote se levantó de la silla y se dispuso a salir por la puerta. Lucy sintió una necesidad imperiosa de hablar con él. Así que abandonó su asiento y esquivando a la multitud que ya estaba también empezando a salir del auditorio, consiguió darle alcance al tipo en cuestión. —¡Oiga! ¡Oiga! El hombre se detuvo y se giró para ver quién le llamaba. —Oh verá, me llamo Lucy y me ha llamado la atención usted y su comportamiento. El hombre puso cara de sorpresa y replicó: —¿Y...

La estatuilla

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Carta :  Earth Wisdom Iladia se estaba adentrando en el bosque cada vez más, hasta que, de repente, vio una calcedonia. La cogió y regresó a su aldea. En la plaza había tres mujeres a quienes les mostró el mineral. Ellas sabían que la calcedonia era el símbolo de la conversación. Por eso, fueron a buscar a todos los demás. Iladia les explicó llorando que había roto la estatuilla por el terrible dolor que sintió al morir su hija. Los aldeanos y aldeanas se conmovieron y la perdonaron. Ya no volvieron a construir ninguna estatuilla porque descubrieron que la divinidad vivía en sus corazones.  •¸.•*¨*•.¸¸•.•*¨*•.¸¸•.•*¨*•.¸¸• ¡¡¡RETO!!!  Con este microrrelato participo en el reto del mes de julio, propuesto por  Lídia Castro Navàs . Estas son las condiciones: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la  carta . En tu creación debe aparecer el mineral: c alcedonia.     Para más información haz clic en  EscribirJugando . 

El éxito de Ryan

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  Imagen de bbc.com Para Ryan aquél era un día como otro cualquiera. Esforzarse en entender lo que la maestra explicaba a pesar del sueño y el aburrimiento eran tareas primordiales. El muchacho miró por la ventana un momento distraído, hasta que de repente, escuchó unas palabras que captaron su atención: —No todos los niños tienen la misma suerte que vosotros. En muchos países como en África, los niños tienen que andar durante kilómetros para conseguir agua potable. Entonces su compañero James, el alumno considerado el más inteligente, preguntó:   —¿Y cuántos pasos tienen que andar en África para llegar a un lugar con agua potable? —Al menos cinco mil pasos —respondió la maestra. Ryan estuvo atento el resto de la clase por si la profesora volvía a hablar sobre el tema, pero ella continuó con la lección de geografía. En cuanto sonó el timbre, Ryan fue hasta el umbral de la puerta de su aula y comenzó a contar los pasos que le separaban de la fuente que había en el pat...

Katia

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No había forma de subir las escaleras. Cada vez que Katia ponía un pie en el primer peldaño, este se difuminaba poco a poco y terminaba desapareciendo junto con el resto de escalones.  Finalmente, se dio por vencida y se asomó por la ventana del salón para mirar a la resplandeciente luna. Le pareció que la miraba sonriente.    —Espera, no debes irte a dormir aún —le dijo la luna—. Pronto una estrella fugaz atravesará el cielo y si le pides un deseo, este se hará realidad.  Era la primera vez que la luna le hablaba, y le agradó mucho oír su dulce voz. Con la mirada fija en el firmamento, la niña comenzó a pensar qué era lo que más deseaba. Pero… ¡había tantas cosas que quería, que no sabía por cuál decidirse!   De pronto, la estrella fugaz hizo su aparición surcando el cielo tal con tanta rapidez que Katia se quedó boquiabierta y fue incapaz de pensar en ningún deseo.  —Ya puedes irte a dormir, querida. Buenas noches —se despidió la luna.  La niña ...

El niño y el mar

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Carta :   Dixit .  Dado :  Story cubes . El niño y el mar jugaban juntos y eran felices, hasta que un día el niño se marchó y el mar furioso se transformó en un ogro.  Pasado un tiempo, el niño regresó y al encontrarse con el ogro le preguntó: —¿Dónde está el mar? —Yo soy el mar. ¿Por qué me abandonaste? —Porque quise conquistar planetas para ser un hombre.    —¿Y lo conseguiste? —Sí, pero no era feliz. Contigo sí soy feliz.   En ese momento el ogro volvió a transformarse en el mar que siempre había sido y el niño nunca más dejó de ser un niño. •*☆*☆*☆*☆*☆*☆*☆*☆*☆• ¡¡¡RETO!!!  Con este microrrelato participo en el reto del mes de abril, propuesto por  Lídia Castro Navàs . Estas son las condiciones: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la  carta . En tu creación debe aparecer el dado:  ogro.     Para más información haz clic en  EscribirJugando . 

Avalancha de palabras

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  Imagen de  dae jeung kim  en  Pixabay Alicia caminaba despacio mientras escuchaba con atención a Fernando. Apenas había dormido y comido, pero aún así se esforzaba por mantenerse al tanto de lo que él decía. Llegó a una plaza y deseó elegir una dirección, pero a ella le costaba tomar decisiones. Así que Fernando le dijo que girase a la derecha y ella le obedeció como siempre hacía. Fernando no paraba de hablar a toda velocidad. Alicia estaba aturdida ante la avalancha de palabras, pero se esforzaba por entenderlo. Sin embargo, le costaba recordar tanta información. Aun así, Alicia se daba cuenta de que en el discurso de Fernando había incoherencias, cosas sin sentido e incluso burdas mentiras, pero no se atrevía a decirle nada. Temía que él dejase de hablarla, que se marchara, que la abandonase para siempre.   Era tan agradable su compañía y tan terrible la soledad… Fernando era el hombre a quien ella había entregado su corazón y ahí estaba él, que no pa...

Dormido

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  Imagen de  Piyapong Saydaung  en  Pixabay Álvaro estaba haciendo su maleta. Alicia ya había terminado de hacer la suya y empezó a ayudarlo. Pero cuando aún estaba guardando las cosas, Álvaro cerró repentinamente la maleta. —¡Cuidado que me das! —gritó ella. Sara, la hermana de Álvaro, que estaba observándolo todo, dijo en tono burlón: —Está dormido el pobre. Y así era. Álvaro tenía los ojos soñolientos y no hacía más que bostezar. Alicia lo miró divertida y tras guardar una última cosa en la maleta y cerrar la cremallera anunció:   —Bueno, ya hemos terminado de hacer las maletas. Nos vamos. Pero él no parecía tener ninguna intención de marcharse porque se desplomó sobre la cama de la habitación del hotel. Alicia le dijo a Sara: —Oye, espabila a tu hermano que ya es tarde y perderemos el tren si no nos vamos ya. Sara trató de convencer a Álvaro para que se levantara y él respondió: —Idos vosotras. Yo me quedo aquí, que no puedo con mi cuerpo...

El inesperado regreso

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Imagen de  Aristal Branson  en  Pixabay Sonia cantaba villancicos mientras su hermana Carla la acompañaba con la pandereta. La madre de ambas, Ángela, había invitado a la familia y todos estaban muy animados celebrando las fiestas navideñas.  De pronto el timbre sonó. La anfitriona se sorprendió porque no había invitado a nadie más. Rápidamente, se levantó del sofá y fue a ver quien era.  Cuando miró por la mirilla, palideció. No podía ser él. Se trataba de su hermano Carlos. Dudó si abrir la puerta o no, pero inspiró profundamente y decidió abrir.  Hacía más de tres años que no se veían. Carlos padecía esquizofrenia. Su enfermedad mental le había puesto agresivo en varias ocasiones y Ángela llegó a temer por la vida de sus padres y de ella.  Quisieron internarlo en un psiquiátrico, pero era demasiado caro y no pudieron permitírselo. Tiempo después, sus padres fallecieron y Carlos empeoró. Él mismo, cuando estaba lúcido se daba cuenta de que ...

El baile

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Imagen de  Sunny Daye  en  Pixabay Un ruido me despertó de madrugada. Me levanté de la cama para ir a ver qué ocurría. Lancé una maldición al comprobar que no había luz. Encendí una vela y llevándola conmigo, bajé despacio y temblorosa las escaleras hasta el salón. Los peldaños de madera crujían desagradablemente bajo mis pies. Enseguida descubrí que la ventana del salón estaba abierta. Una fuerte ráfaga de viento agitó las cortinas, apagó la vela y me heló los huesos. Rápidamente cerré la ventana y, tras volver a encender la vela, inspeccioné hasta el último rincón de la casa. Allí no había nadie. Suspiré aliviada pensando que no se trataba más que del viento. Pero, una vez que hube subido las escaleras y regresado a mi habitación para tumbarme en la cama, volví a escuchar un ruido, esta vez acompañado de una voz de ultratumba. ― Alicia… ven… ― Al oír mi nombre pronunciado por aquella voz me estremecí. Bajé las escaleras con el corazón golpeándome en el pecho violentamen...

Sin corazón

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Carta :   Dixit . Dado:  Story cubes . Aseya mezclaba pociones y recitaba conjuros sin descanso. Le faltaba el corazón, pues se lo había regalado a la joven a la que amaba, pero esta lo había pisoteado burlándose de sus sentimientos.     La rabia de la alquimista era tan grande, que planeó vengarse: bajo la apariencia de una encorvada y vieja mujer, le ofrecería a la desdeñosa joven una manzana maléfica para que, tras morderla, cayera en un profundo sueño eterno.    Así lo hizo, y cuando tuvo a la joven a sus pies tendida sobre el suelo, Aseya sonrió con malicia y allí la dejó durmiendo para siempre.  ⚊•⚊∘⚊•⚊∘⚊•⚊∘⚊•⚊∘⚊•⚊∘⚊•⚊ ¡¡¡RETO!!!   Con este microrrelato participo en el reto del mes de octubre, propuesto por   Lídia Castro Navàs . Estas son las condiciones: Crea un microrrelato o poesía (máx. 100 palabras) inspirándote en la   carta . En tu creación debe aparecer el dado:   una manzana.   Para más información haz ...